jueves, 19 de septiembre de 2013

La Navidad está en camino: una de cúmulos.

Hola a todos, visionarios estelares...

Hemos estado un poquito off..
"Yes, we know". Es que el arranque del curso laboral es lo que tiene, que hasta los que soñamos despiertos nos debemos al mundo de las responsabilidades...

Antes de comenzar con las observaciones y los cuentos de otoño, dejadnos narraros la última salida del verano...

Aconteció a finales de agosto. Nos escapamos con Alberto, el de Saturno. ¿Recordáis el post? (saturno-para-alberto) Alberto es un enamorado del cielo y uno de los personajes que vienen con fuerza en los cuentos de otoño-invierno, porque además de ser alguien despierto con mucha curiosidad e ingenio, tiene un poder especial: el de los espejos... ya iréis leyendo...

Esa noche maravillosa la temperatura era ideal, y pudimos ver muchas cositas: disfrutamos nuevamente de varios objetos Messier: M-11 Los Patos Salvajes (henry-carlight-en-busca-de-los-patos ); M-13 Gran Cúmulo de Hércules; y algunos otros cúmulos próximos a Casiopea. Aquí no sabemos muy bien que M llegamos a ver.

Los cúmulos, también llamados clusters, son agrupaciones de estrellas que se mantienen próximas por efecto de fuerzas gravitatorias. Cuando miramos al cielo con unos prismáticos o a simple vista si no hay contaminación lumínica y la noche está despejada, nos damos enseguida cuenta de que las estrellas no se dan de manera aislada, sino en grupos bastante numerosos. Estos conjuntos de materia se presentan como puntitos de luz que asociamos para dar formas que nos faciliten la interpretación, el reconocimiento o la inspiración; en función de lo que los ojos que miran, busquen. Así es como encontramos galaxias, constelaciones o cúmulos, por ejemplo.

Cuando damos con un cúmulo podemos encontrarnos con que éste sea abierto o globular. Un cúmulo abierto no posee una forma definida; está formado por muchísimas estrellas jóvenes, cientos de ellas; y son muy numerosos en nuestra galaxia (hay 1000). El globular (o cerrado) es esférico o casi esférico; contiene más de mil veces el número de estrellas del abierto; está constituido por estrellas muy viejas; y se dan menos en nuestra galaxia (hay 140).

Uno de los cúmulos abiertos más bonito que han visto nuestros ojitos es observable a simple vista y se encuentra en Tauro: las Pléyades. ¡Gracias Alberto por enseñárnoslas! (con y sin espejos, del derecho y del revés).
Las Pléyades se levantan en el horizonte bien entrada la noche. Con unos prismáticos resulta mágico verlas aparecer. Te quedas petrificado, mirando, mirando... esto pasa con el cielo, que si miras... ves. Y si ves, ya no puedes mirar a ningún otro lugar... hechizos...

A medida que pasa el tiempo más puntitos de luz se dibujan en el cielo (quizá Ytek, la gran maga de Madrillium ande cerca esas noches;) ver henry-carlight-en-busca-de-los-patos). Es simplemente maravilloso verlos ascender y crecer... lo asocio con la siguiente ensoñación mental: imaginad un cisne adulto reposando relajado en las tranquilas y silenciosas aguas de una laguna. Es una tibia mañana de invierno y, aunque hay algo de bruma que aporta expectación al resto de animalillos apostados en la orilla, no cabe duda de que va a ser un día luminoso. La temperatura es agradable: algo está a punto de suceder. Hay silencio en todas partes, únicamente las ranas, impertinentes por naturaleza, se permiten expresar su parecer. De repente, el cisne extiende sus alas, lenta pero decididamente. Ahora las ranitas callan. La expectación es absoluta: ¡es tan bello! Sus plumas blancas reflejan la luz que le llega del sol. A continuación las agita elegantemente y alza el vuelo despegando consigo cientos de diminutas gotas de agua de la superficie que caen en cascada de forma desordenada, caótica, bella. Los haces de luz del sol golpean en ellas: se reflejan y rebotan, se refractan y cambian de dirección; todo a capricho. Nuestro ave es uno y mil puntos de luz a la vez. Es una fiesta para los sentidos. Desde el aire muestra su majestuosidad y su grandeza, originadas ambas en la sencillez de su belleza. Ahora visualizar la misma imagen con varios cisnes levantando el vuelo desde la laguna. Ahí tenéis las Pléyades.

Conseguiremos hacer fotografías de todas estas cosas, de momento nos servimos de las que hay en la web.
http://negrasnavesantetroya.blogspot.com.es/2011/12/constelacion-de-las-pleyades.html
El cúmulo globular o cerrado más impresionante que hemos visto ha sido sin duda el de la constelación de Hércules (recordemos que en la mitología griega Hércules era un semidiós conocido por poseer una fuerza descomunal, hijo del dios Zeus y de una humana Alcmena). Cositas curiosas: este cúmulo fue descubierto por Edmund Halley, y diréis ¡anda, como el cometa! Pues en efecto. Edmund Halley es conocido por ser el primer astrónomo que calculó la órbita de un cometa que llevaría su nombre, y además de eso por encontrar este maravilloso cluster. Posteriormente el señor Messier que ya conocemos bien lo clasificó dentro de no menos conocido catálogo como el M-13. El M-13 se encuentra a nada menos que 25100 años luz de la Tierra. Se calcula que su luminosidad llega a unos 500000 soles. Otra cosita curiosa: habéis sin duda oído mil veces aquello de que los científicos han enviado mensajes al espacio exterior en busca de vida inteligente... bien, pues aunque suene a peli de los 80... a este cúmulo fue enviado en 1974 el conocido como Mensaje de Arecibo. Consiste en un mensaje de radio que contiene datos sobre la situación del Sistema Solar, de nuestro planeta y del ser humano. Fue enviado a este cúmulo globular con el objetivo de contactar con una posible civilización extraterrestre y demostrar así los logros tecnológicos humanos de la época. El mensaje tardará unos 25 milenios en llegar a su destino (y una hipotética respuesta otros 25 milenios más).

The heart of Hercules Globular Cluster;
Credit: ESA/Hubble and NASA

La salida dio para mucho como leéis... En breve se dejará caer por aquí algún cuento de las aventuras de Henry y Carlight. ¡Estad atentos!

Un abrazo fuerte y a seguir mirando vosotros, que nosotros ya sabéis, ¡siempre los dosmirandoalcielo! ¿Nos acompañáis?


Para saber más:
- http://origenhumano.blogspot.com.es/2012/12/mensaje-de-arecibo-y-su-respuesta-en.html
- http://infobservador.blogspot.com.es/2010/12/los-cumulos-abiertos-y-globulares.html
- http://www.astromia.com/universo/cumulos.htm
- http://astro.ft.uam.es/old/TJM/tjm/webpaginas/practicas/guiones/guion_practica/cumuloabier/index.html
- http://www.bitacoradegalileo.com/2010/02/10/las-pleyades/
- http://www.bitacoradegalileo.com/2010/03/25/m13-el-gran-cumulo-de-hercules/

lunes, 26 de agosto de 2013

Henry & Carlight: en busca de los Patos Salvajes


Hoy contaremos la historia sobre cómo Henry y Carlight llegaron a descubrir a los Patos Salvajes sobre la ría negra y blanca, gracias a la pericia en la navegación estelar del Mago y a los conocimientos mágicos de la Maga.

Este cuento se lo dedicamos a Ramón, por ser un seguidor motivado (y a Eva, Brunis y la nenita en camino por ser parte de él y él de ellos); y a Kety, que pinta de colores el mundo mientras nos sigue, sin saberlo, y sonríe mirando al cielo.

Besos a todos, sonrisas iluminadoras y a mirar al cielo.


Ésta no iba a ser una noche de Contrarios. La preocupación se reflejaba en el rostro de nuestros Magos: una vez más, saldrían de expedición estelar y viajarían a más de 6000 años luz de distancia...

Durante toda la jornada, Henry había estado estudiando los mapas celestes y decidiendo cual sería la mejor ruta a seguir. Trazó líneas, dibujó esquemas, tachó, volvió a escribir... había que hacerlo bien: sería muy peligroso dudar una vez estuvieran expuestos. Afortunadamente, era muy inteligente, ¡y sabía mucho! Pero no podían bajar la guardia, había mucho en juego.

Mientras Carlight había revisado una y mil veces los hechizos que podrían necesitar ahí fuera, si las Brujillas de las Nubes aparecían no sería un problema, pero si lo hacían las de la Luz había que estar preparado. Además, tenían otros enemigos: sabían que Ruido podía presentarse. Si lo hacía, estarían perdidos.

Al atardecer ya estaba todo dispuesto, pero había que esperar. En esta ocasión la misión partiría desde su cabaña: no convenía alejarse demasiado cuando Tiempo corría más deprisa.

Tiempo suele ser enemigo de muchos humanos con o sin poderes. Bueno, en realidad Tiempo no es enemigo de nadie, pero la gente lo percibe así. Henry y Carlight, como los buenos Magos, vivían en un estado de Memento Vivere (que viene de una lengua muy antigüa, con origen en la península de Italia, llamada Latín, de la que además viene nuestro propio idioma). Ésto se puede traducir como un “recuerda vivir” o “acuérdate de vivir”. Ellos vivían con intensidad el momento y por eso siempre se llevaban bien con Tiempo. Puede parecer una tontería sí, pero no os lo creáis. Muchas personitas, elfos y duendes incluídos, vivien pensando siempre en el futuro o anclados a unos recuerdos de un pasado que se fué, y Tiempo pasa por ellos sin que se den cuenta. Con el paso de muchos años, al final de sus vidas, llega el Memento Mori, que es cuando tienen que despedirse de La Tierra para viajar al Cosmos y pasar a formar parte de los astros (¿no es bonito? Y da igual que seas Mago o no ¡todo el mundo hará ese viaje!). Entonces se dan cuenta de que ¡no han vivido! Y vosotros diréis ¿cómo no van a vivir si se han hecho mayores ya? ¡Han pasado toda una vida en La Tierra! Sí, pero estar vivo no implica vivir amiguitos... Es una lección que conviene aprender de pequeñito. Si no, generalmente te lo enseña Tiempo, pero solo si estás atento y con ganas de aprender, como siempre.

Memento Vivere y Memento Mori son las fuerzas equilibradas que integran el amuleto Carpe Diem que Henry y Carlight llevan colgado del cuello. Es simplemente un recordatorio de las fuerzas del mundo que os vamos contando con estos cuentos. Este amuleto les protege de Olvido, el peor de los enemigos que acechan a los buenos Magos, intentando que dejen de vivir el momento y de sacar el máximo a sus días. Olvido hace que los Magos del Cielo dejen de serlo y caigan en enemistad con Tiempo, pasando a encontrarse sin tiempo para mirar al cielo nunca más. Como resultado de esto, los magos pierden sus poderes y dejan de serlo.


Afortunadamente Henry y Carlight tenían su amuleto, eran amigos de Tiempo y sabían muy bien a quien se enfrentaban. Olvido no podía hacerles nada, al menos de momento...

Pero volvamos a nuestra historia ¡hay tantas cosas que no sabéis y que quiero contaros que Tiempo se va a enfadar conmigo si me sigo yendo por las ramas!

Como decíamos, sin embargo a veces Tiempo iba un poco más rápido, y entonces había que reajustar los procedimientos para ir al mismo ritmo y poder seguir viviendo el momento. De ahí que decidieran viajar desde su cabaña.

El Sol ha se había retirado del Hemisferio Norte (que es donde viven nuestros Magos) y la Luna, que estaba hastiada e iba muy baja de ánimos, también se había retirado de su vista, lo que no implicaba que no estuviera por ahí... quizá estaba cansada de tanto bailar con las Nubes... a saber, ya dijimos en nuestra historia anterior que la Luna es misteriosa...

Henry mostró a Carlight el plano que había trazado partiendo del estudio de los mapas estelares y de las cartas celestes elaboradas por el Maestro Charles Messier, instructor de la Escuela de Magia Madrillium, en la que había estudiado Henry (Carlight había estudiado en Cantabrillium, en las montañas de la que son originarias la mayoría de las criaturas mágicas. Pero eso son muchos otros cuentos).  
 
Había que recorrer mucha distancia y sería difícil, pero lo importante era alcanzar el punto de destino, el Messier 11 (M11), donde esperaban los Patos Salvajes volando en V, sin desplazarse, sobre una ría negra y blanca. ¡Qué trabajo más bueno había hecho! La misión estaba lista. Carlight le explicó qué problemas podrían presentarse y cómo los enfrentarían si se diera el caso. Se pusieron sus pulseras anti-mosquitos... ¡eh, no os riáis! ¡A los grandes Magos también les pican los bichos! Y agosto es un mes peligroso... Cogieron los prismáticos y... ¡a volar mirando al cielo!
 
 
De momento mantenía a las Brujillas de la Luz a raya, no se habían percatado de su presencia aunque había dos o tres de ellas rondando el lugar. Carlight, que tenía más control sobre las criaturas mágicas de las montañas, extendió las manos hacia la puerta de la cabaña y convocó a los Trastolillos, unos duendecillos protectores del hogar, juguetones y revoltosos que ayudarían a espantar a las Brujillas si alguna osaba acercarse demasiado. No había terminado de nombrarlos cuando aparecieron dos cabecillas peludas de miradas vivas, enseñando unos colmillos retorcidos y graciosos. Eran sus buenos amigos: Trastolillo Pincho y Trastolillo Bilbo.
Henry sonrió, “ya nadie nos podrá frenar esta noche”. Todo el mundo sabe que los Trastolillos defienden su hogar hasta las últimas consecuencias. ¡Habría que estar muy contaminado de ignorancia para enfrentarlos! Mucha gente está contaminada pero no lo sabe, y se vuelve loca o necia, pero no lo sabe.
 
Partieron en busca del Águila que todo lo sabe. Águila era una Constelación portentosa, que ya fue listada por el Mago Ptolomeo en el S.II d.C. con muchos puntos de luz intensos. Había que acercarse lo suficiente como para poder agarrarse a una de sus estrellas, a la más poderosa de todas: Altair.
 
Llegaron sin dificultad, Altair les esperaba hacía tiempo. Les impulsó con cuanta energía tenía y ¡casi se pasan de largo! Estrellezaron (Estrellezar es cuando llegas a una Estrella) triplemente, es decir, que estrellezaron tres veces hasta la última Estrella del Águila. Saludaron amablemente a la majestuosa ave antes de despedirse, y saltaron al vacío.
 
Sabían que debían dibujar una sonrisa en el cielo en dirección a la Constelación Scutum (Escudo) para poder llegar a su destino, que se encontraba precisamente en ese mismo lugar. ¡Es muy difícil pintar ahí arriba!, se requieren altas dosis de conocimientos y una pizca de talento. Para dibujar en el cielo  Henry lo había aprendido todo de los pinceles de Ytek, la Gran Maestra de Madrillium, de quien se decía que captaba con la mirada las almas de las cosas y se servía de ellas, proyectándolas a través del brazo hasta su mano, y de su mano al pincel. Pintando así aquello de que las cosas carecen, aquello que los humanos y seres mágicos anhelan o precisan. Por eso sus cuadros eran los más deseados, porque daban respuesta a las necesidades de cada alma. ¡Magia pura!
Carlight había aprendido a su vez de Henry, y aunque a los dos se les daba bien, no eran ni con mucho una prolongación del arte de Ytek. ¡No se puede ser experto en todo!  
 
Estaban pintando alegremente cuando el peor de sus temores se confirmó, y Ruído hizo su aparición. Ruido es nada y es todo. Es muchas cosas y ninguna. Ruido te distrae, te marea, te aburre, ¡te lleva a Olvido si te descuidas! A veces Ruido es algo malo, y otras algo bueno, pero siempre hace que te desvíes de tu camino.
En este caso Ruido se sirvió de los Trastolillos. Los engañó fácilmente, ya que son juguetones y traviesos por naturaleza, y les hizo saltar sobre los Magos, quienes sobresaltados, se dejaron caer del cielo y ¡a punto estuvieron de perderse! Por suerte se encontraban pegaditos al Escudo, y los dos le llamaron por su nombre, "¡Scutum!" y El Escudo los protegió devolviéndolos a una estrella para que terminaran de dibujar su sonrisa.
 
Pasado el susto, Henry señaló a su derecha. Ahí estaban los Patos con su líder (al que llamaron Nómar por su porte) a la cabeza, suspendidos sobre la ría negra y blanca llamada Vía Láctea.
Eran más difíciles de ver que de encontrar. A veces, aunque mires en la dirección correcta, no ves. Unas veces, se necesita creer para ver. Y la mayoría, se necesita saber para ver. Pero Henry y Carlight creían, y además sabían. ¡Qué bonitos eran los Patos salvajes, tan pequeñitos, tan juntos todos. Hacían una buena familia de luz.

(Telescopio S/W Black Daimond 200-1000. Josemi. Publicado en latinquasar.org)
 
 
Qué maravilloso viaje, ¡qué bonito volar juntos! Pero menos mal que no les habían acompañado los pequeños duendecillos Dan, Iva y Art... ¡ésta había sido una misión peligrosa!
 
Regresaron a su cabaña sin dificultades, habían vivido con intensidad cada momento gracias a su amuleto y ya estaban listos para una nueva expedición. Invitaron a cenar a los Trastolillos varios tipos de quesos (porque al igual que los Hobbits, los Magos adoran el queso). sin embargo a Pincho y Bilbo no les gustaban mucho, así que conformaron con un trozo de buen pan recién horneado y se despidieron de ellos.

Antes de una nueva expedición tenían que dormir. ¿A qué aventura les llevarían sus sueños?
 
De momento, mirad al cielo con los prismáticos, quizá en algún momento los descubran vuestros ojos trazando sonrisas en el cielo.

Continuara...


Y mientras llegan nuevas entradas u otros cuentos, aquí seguimos: los dos mirando al cielo.